En España, existe un colectivo silencioso pero esencial: las madres y familiares que dedican su vida al cuidado de hijos con discapacidad severa. A menudo invisibilizadas bajo la etiqueta de «cuidadoras no profesionales», estas mujeres (mayoritariamente mujeres) exigen un cambio radical en cómo la sociedad y las políticas públicas valoran su labor.

Un reciente artículo publicado en el ABC pone de manifiesto la frustración y la urgencia de sus demandas. Hartas de promesas vacías y de un «maltrato administrativo» que ignora sus necesidades, claman por un reconocimiento profesional real, que se traduzca en salarios justos, bajas laborales dignas y pensiones que reflejen su dedicación.

Desde el Consejo Español para la Defensa de la Discapacidad y la Dependencia (CEDDD) se unen a esta voz, instando al gobierno a situar a estas cuidadoras principales en el centro de las políticas públicas. No se trata de pedir privilegios, sino de reclamar justicia, reconocimiento y dignidad por un trabajo a tiempo completo que, hasta ahora, se ha dado por hecho y ha recaído desproporcionadamente en las mujeres.

La reforma de la Ley de Dependencia se presentaba como una oportunidad para abordar esta situación, pero la decepción ha sido profunda al no recoger las demandas esenciales del colectivo. Como denuncia la Plataforma Estatal de Cuidadoras Principales, se ha perdido una ocasión clave para legislar con perspectiva de género y visión de futuro.

Las cifras hablan por sí solas: un alto porcentaje de estas cuidadoras son madres que llevan años, incluso décadas, dedicadas al cuidado constante, lo que les impide desarrollar sus carreras profesionales y compromete gravemente su calidad de vida, su salud mental y su futuro económico.

La demanda es clara: reconocer legal y económicamente su labor, ofreciendo un salario, jubilación anticipada y pensiones dignas. Además, urgen a un cambio en la terminología, solicitando ser llamadas «cuidadoras principales» en lugar de «no profesionales», un término que consideran peyorativo y que minimiza la cualificación y la responsabilidad que asumen diariamente.

Es hora de que la sociedad española tome conciencia del inmenso valor de estas cuidadoras y de la necesidad de una mirada valiente que promueva la corresponsabilidad y garantice sus derechos. Su bienestar no es solo una cuestión de justicia individual, sino un pilar fundamental para un sistema de cuidados más humano y equitativo.

Os invitamos a leer el artículo completo en : ABC Familia

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